Seguridad Presidencial

El día de ayer fuimos a una venta de aviones especializados para el uso privado pero con importantes detalles de seguridad, ya que estos aviones están diseñados para personas cuyas vidas están constantemente en peligro como bien ya que es común que haya constantemente planes para su asesinato. El hecho que no vemos seguido un intento de asesinato a un cuerpo presidencial no significa que planes no estén siempre en marcha y es labor de los guardias presidenciales, en conjunto con las agencias de inteligencia secretas los que neutralizan en muchos casos estos intentos de asesinato.

He visto encuestas que informan que los presidentes promedio tienen todos los meses durante su mandato alguien que este planeando su asesinato en alguna obscura parte de su país, observándole cada movimiento y analizando sus rutas y horarios. En décadas anteriores, el método más popular para poder conseguir el asesinato de un presidente era el de un francotirador como bien le sucedió al presidente John F. Kennedy quien fue brutalmente asesinado por la bala de un francotirador, aunque se especula que se utilizaron dos. Esta es una manera muy efectiva de conseguir dicho objetivo ya que hay pocas cosas tan efectivas como una red de francotiradores trabajando en conjunto.

Esto es algo que se esta bien documentado en las crónicas militares en todas las guerras donde los francotiradores son una terrible amenaza capaz de acabar, tan solo un puñado de ellos, con batallones enteros en cuestión de minutos. Esto suena a exageración pero podemos tomar la escuadra de francotiradores de Vasily Zaitzev en Stalingrado quienes siendo 13 hombres acabaron con la vida de 1950 soldados alemanes en una acción de 15 minutos, dado a que cada uno de estos trece hombres mataba a 10 alemanes por minuto desde sus guaridas.

Dado a esta peligrosidad, los guardias presidenciales de las cabezas de estado han tomado cartas en el asunto al reclutar a enormes cantidades de agentes en cubierto y abiertos para acabar con esta amenaza. Por ejemplo,  cuando un presidente va a dar un discurso, los guardias presidenciales toman control de todas las habitaciones y azoteas de los edificios que estén a distancia  de bala así como cierran los perímetros con personal  de la policía militar. De este modo los francotiradores simplemente no pueden operar. Sin embargo, esto no significa que el riesgo haya desaparecido.

Ahora, lo más común es infiltrarse, o intentar de hacerlo, con un miembro de la seguridad personal del presidente para poder llevar acabo un asesinato, como le sucedió a Castro en 52 ocasiones aunque nunca funcionaron. Por esta vía también se es normal el intentar implantar un explosivo en el automóvil presidencial con tan solo sobornar a aquellos quienes están a cargo de la seguridad del auto presidencial, es por esta razón por la cual los guardias presidenciales ganan tanto dinero, no solo por arriesgar su vida sino para no dejarse sobornar por nadie.

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